Un año sin pantallas: cómo cambió la vida en las aulas de la Ciudad tras la regulación del uso de celulares

A doce meses de la normativa que restringe los celulares en las escuelas porteñas, un relevamiento oficial revela mejoras en la atención, la convivencia y los aprendizajes. Docentes, alumnos y directivos coinciden en que la medida transformó la dinámica escolar.
A un año de la implementación de la regulación del uso de celulares en las escuelas de la Ciudad de Buenos Aires, los resultados son contundentes: más atención en clase, mejor convivencia y mejoras en el rendimiento escolar. Así lo confirma un informe del Ministerio de Educación porteño, que encuestó a casi 3.000 personas entre estudiantes, docentes y directivos. La medida, que en su momento generó debates, hoy muestra un amplio consenso y evidencia a favor.
“Hace un año tomamos la decisión de regular el uso de celulares en las aulas porque entendíamos que era clave recuperar la atención, la convivencia y los aprendizajes. Hoy los datos nos confirman que íbamos en el camino correcto”, afirmó Jorge Macri, jefe de Gobierno de la Ciudad, al conocerse el informe. “Siete de cada diez chicos de primaria y seis de cada diez de secundaria están más concentrados y aprenden mejor”.
Desde agosto de 2024, las escuelas porteñas tienen una nueva norma: en el nivel primario, los celulares deben permanecer guardados; en el secundario, solo pueden usarse con fines pedagógicos. A partir de esta medida, la Unidad de Evaluación Integral de la Calidad y Equidad Educativa realizó un relevamiento entre alumnos, docentes y directivos de 199 escuelas públicas y privadas.
Los resultados fueron significativos:
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En primaria:
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El 70% de los estudiantes dijo que presta más atención en clase.
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El 68% aseguró tener más interacción con sus compañeros.
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El 67% señaló mejoras en su rendimiento escolar.
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En secundaria:
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El 61,3% de los estudiantes indicó mayor atención.
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El 65,6% destacó una mejora en la interacción social.
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El 59,3% afirmó obtener mejores resultados académicos.
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Además, más del 50% de los alumnos en ambos niveles coincidió en que las restricciones no aumentaron el aburrimiento en clase. Un dato clave, teniendo en cuenta uno de los principales temores al momento de aplicar la norma.
Desde el punto de vista de los equipos docentes y de conducción, también hubo coincidencias:
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En secundaria:
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El 65,6% de los directivos y el 51% de los docentes observaron mayor interacción cara a cara entre estudiantes.
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El 65% de los directivos y el 52% de los docentes destacaron una disminución de interrupciones en clase.
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El 60,7% del equipo de conducción y el 45,6% de los docentes reportaron menos llamados de atención.
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En primaria:
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Casi el 70% de los directivos y el 62,5% de los docentes registraron un incremento en la interacción entre alumnos.
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El 60% de los directivos y el 55% de los docentes notaron menos interrupciones.
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El 68,3% de los equipos directivos y el 61% de los docentes indicaron una baja en los llamados de atención.
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En total, participaron del estudio 2738 personas:
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100 escuelas primarias (52 estatales y 48 privadas).
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99 escuelas secundarias (43 estatales y 56 privadas).
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585 estudiantes de primaria y 1362 de secundaria.
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202 integrantes de equipos directivos y 589 docentes.
Mercedes Miguel, ministra de Educación porteña, también valoró el impacto positivo de la medida: “Los chicos no solo prestan más atención, también conversan más entre ellos, fortalecen vínculos y eso impacta directamente en cómo aprenden. Es la escuela recuperando su rol como espacio de encuentro y aprendizaje”.
Desde Palermoweb recorrimos estos datos con atención y, como cronista, puedo decir que este tipo de transformaciones nos obligan a repensar cómo queremos que se habite la escuela. No se trata solo de tecnología o prohibiciones, sino de qué tipo de vínculos promovemos dentro del aula. A un año de esta política, la evidencia dice que menos pantallas también pueden significar más aprendizaje, más conversación y una escuela más viva. Y eso, en tiempos tan vertiginosos, no es poco.