Cantero Aníbal Troilo: donde el bandoneón late entre libros y tránsito 🎶📚

En plena avenida Santa Fe, un cantero homenajea a Aníbal “Pichuco” Troilo, el Bandoneón Mayor de Buenos Aires. Música, memoria y cultura conviven en un espacio que conecta el tango con la vida cotidiana de Palermo.

Paso seguido por Santa Fe y, aunque el ruido del tránsito intente taparlo todo, hay un lugar que siempre me obliga a bajar un cambio. El Cantero Aníbal Troilo no grita, no impone, pero dice mucho: ahí está Pichuco, recordándonos que Buenos Aires también se explica con un bandoneón 🎼.

“Troilo no tocaba el bandoneón, lo hacía hablar”, me dijo una vez un viejo milonguero, y esa frase vuelve cada vez que miro este homenaje urbano, sencillo pero cargado de sentido.

 

Aníbal Troilo (1914–1975) es una de las figuras más grandes del tango argentino. Su apodo, Pichuco, funciona casi como un segundo nombre, y su título de “Bandoneón Mayor de Buenos Aires” no es exageración: creó un estilo propio, inconfundible, que marcó a generaciones enteras de músicos.

Su legado se sostiene en obras que son parte del ADN porteño, entre ellas:

  • 🎵 Pa’ que bailen los muchachos

  • 🎵 Responso

  • 🎵 Discepolín

  • 🎵 La última curda

  • 🎵 Sur

  • 🎵 Che bandoneón

  • 🎵 Barrio de tango

  • 🎵 María

  • 🎵 Romance de barrio

En 2005, el Congreso de la Nación declaró el 11 de julio —fecha de su nacimiento— como el Día Nacional del Bandoneón, a través de la Ley 26.035. La iniciativa fue impulsada por Francisco Torné, nieto de Zita Troilo, y por el poeta Horacio Ferrer, amigo personal de Pichuco y entonces presidente de la Academia Nacional del Tango. Un reconocimiento que transformó una fecha en símbolo 🇦🇷.

El cantero que lleva su nombre está ubicado sobre la Avenida Santa Fe, entre Fray Justo Santa María de Oro y Thames, en Palermo. Parte de ese espacio hoy convive con el Metrobús, pero aún conserva un rincón muy particular: un puesto de venta de libros de literatura, historia, ciencia y técnica. Durante la Feria del Libro, que se realiza a pocos metros en La Rural, este lugar se transforma en una extensión natural del evento, mezclando lectores, curiosos y vecinos.

Lo más potente del Cantero Aníbal Troilo no es solo el homenaje a un músico enorme, sino la combinación de culturas que propone: tango, libros y ciudad en movimiento. En un entorno dominado por colectivos y apuro, este espacio recuerda que la identidad porteña se construye tanto desde la música como desde la palabra escrita. Pichuco aparece así no solo como artista, sino como puente entre generaciones, entre sonidos y pensamientos.

Porque mientras haya un cantero que lleve el nombre de Troilo, un libro abierto y alguien que recuerde una melodía, Buenos Aires va a seguir respirando tango, incluso en medio del tráfico 🚦🎶.