🌹 Plaza Holanda: el rincón donde el Rosedal floreció para siempre en Palermo
En el corazón del Parque Tres de Febrero, Plaza Holanda guarda uno de los espacios más emblemáticos y románticos de la Ciudad: el Rosedal, un paseo que nació como un simple proyecto paisajístico y terminó convirtiéndose en símbolo cultural de Buenos Aires.
Cada vez que camino por Plaza Holanda siento que no estoy en cualquier parque. Estoy en un lugar donde la historia, la poesía y el perfume de miles de rosas se mezclan en el aire 🌸. Lo que comenzó como un intento por embellecer un sector del Parque Tres de Febrero se transformó, con el paso del tiempo, en el icónico Rosedal que hoy conocemos y admiramos.
“El nombre lo dio la gente”, me comentó una vecina habitual del lugar mientras observaba los canteros florecidos. Y es cierto. Porque aunque en su origen la intención fue simplemente sumar flores y armonía al paisaje, el éxito fue tan rotundo y la convocatoria tan constante que el espacio terminó ganándose un nombre propio: El Rosedal o Rosaleda.
Ubicada entre Av. Infanta Isabel, Av. Iraola y Av. Presidente Pedro Montt, en pleno Palermo, Plaza Holanda fue creciendo con el tiempo. Después de su inauguración, se incorporaron monumentos y obras de arte que elevaron su perfil cultural y la convirtieron en un verdadero museo al aire libre.
Gran parte de esas piezas se concentran en el llamado “Jardín de los Poetas”, donde conviven figuras que marcaron la literatura universal:
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Monumento a Domingo Faustino Sarmiento, con la placa que recuerda el reconocimiento del pueblo y gobierno de Chile.
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Monumento a Dante Alighieri, donado por el Centro Cultural Latium.
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Monumento a Miguel de Cervantes Saavedra, impulsado por la Fundación Alejandro G. Roemmers.
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Homenajes a William Shakespeare, Jorge Luis Borges, Rafael Alberti y Miguel Hernández.
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Monumentos a Amado Nervo —obra de Alberto Lagos— y a Aleijem Scholem, cuyo busto fue vandalizado en 2015 y repuesto un año después, en el centenario de su muerte.
Pero no todo es literatura. También me detengo siempre en el Patio Andaluz, donado por la ciudad de Sevilla en 1929. Su pérgola, glorieta y fuente de mayólicas aportan un aire español que enamora a cualquiera 🇪🇸. A pocos metros, otra extensa pérgola abraza la orilla del lago, donde los botes se alquilan para pasear bajo el sol porteño 🚣♂️.
El famoso Puente de los Enamorados, de estilo griego, suma ese toque romántico que tantas fotos protagoniza. Y el pequeño puente hacia la isla central completa la postal perfecta para quienes buscan una pausa en medio del ritmo urbano.
No es solo un jardín con rosas; es un punto de encuentro entre generaciones, entre turistas y vecinos, entre poesía y paisaje. Lo más importante es cómo el lugar evolucionó sin perder su esencia: nació como un proyecto ornamental y terminó siendo patrimonio emocional de Buenos Aires.
En tiempos donde todo parece correr, Plaza Holanda nos recuerda que todavía existen rincones para detenerse, contemplar y disfrutar. Y cada vez que paso por el Rosedal, confirmo que algunos lugares no solo se visitan: se sienten 💚.