La Ciudad se llena de colores y transforma su paisaje en modo otoño
Con la llegada del otoño, Buenos Aires despliega un espectáculo natural que tiñe calles y plazas, y convierte al arbolado urbano en el gran protagonista.
Caminar por Palermo en estos días es como meterse en una postal: hojas doradas, tonos rojizos y veredas cubiertas que anuncian que el otoño ya se instaló 🍂.
“El cambio de color del arbolado urbano es uno de los fenómenos más visibles y esperados del año”, explican especialistas, al destacar el valor natural y visual que adquiere la Ciudad en esta época.
Lo que vemos en plazas, parques y avenidas no es casual. Desde mi mirada, el otoño en Buenos Aires es una combinación perfecta entre ciencia y paisaje urbano.
El fenómeno detrás de este cambio se llama senescencia foliar, un proceso natural mediante el cual las hojas dejan de producir clorofila. Esto da lugar a una paleta de colores que va del amarillo intenso al rojo profundo.
Algunos datos clave ayudan a entender la magnitud de este espectáculo:
• Más de 432.000 árboles forman parte del arbolado urbano 🌳
• El 80% está ubicado en veredas
• El proceso comienza a mediados de marzo
• Se extiende hasta fines de abril
• Marca el inicio de la temporada de poda en mayo
Entre las especies más destacadas aparece el fresno rojo americano, el más común en la Ciudad, con más de 138 mil ejemplares. Su color amarillo brillante se convierte en uno de los primeros indicios del cambio de estación.
Otro árbol que llama la atención es el ginkgo biloba, conocido como el “árbol de los 40 escudos”. Aunque hay pocos ejemplares, su tonalidad dorada lo vuelve único y muy buscado por quienes disfrutan de fotografiar la Ciudad.
Este fenómeno no solo embellece el entorno, sino que cumple una función biológica fundamental: permite a los árboles conservar energía durante el invierno y prepararse para un nuevo ciclo.
En barrios como Palermo, donde abundan los espacios verdes, este cambio se vive con mayor intensidad, convirtiendo cada rincón en un escenario natural.
Además, este proceso también marca el ritmo del mantenimiento urbano, ya que la caída de hojas anticipa las tareas de poda que se desarrollarán en los meses más fríos.
En el centro de este fenómeno está la relación entre naturaleza y ciudad. El otoño no solo modifica la estética urbana, sino que también refleja cómo el entorno natural sigue marcando el pulso incluso en una gran metrópoli. Entender este proceso nos permite valorar el arbolado no solo como decoración, sino como un sistema vivo que cumple funciones esenciales.