Encontraron un pez que no se veía en la Ciudad hace más de 70 años
Un hallazgo en un humedal urbano reabrió la historia del Killi, el curioso «pez de lluvia» que parecía haber desaparecido para siempre de Buenos Aires.
Una alumna de primer año encontró, sin buscarlo, un pez que llevaba más de siete décadas sin registrarse en la Ciudad. Así, casi de casualidad, arrancó un proyecto de recuperación que hoy involucra a docentes, especialistas y al Vivero porteño.
«No sabíamos qué era, no coincidía con nada de lo que habíamos visto antes», habría sido la primera reacción del grupo al toparse con el ejemplar. Esa duda fue la que terminó destapando todo.
Fue en mayo de 2025, durante una salida didáctica de la Escuela Técnica n°8 de la Comuna 10, pensada para clasificar peces en el biocorredor del ex Olimpo. Ahí, una estudiante pescó una hembra que ningún compañero pudo identificar. Los docentes, intrigados, decidieron consultar a especialistas para salir de dudas.
El resultado fue una sorpresa mayúscula: se trataba de un ejemplar de Austrolebias bellottii, más conocido como pez de lluvia o Killi, una especie que no se detectaba en territorio porteño desde hacía más de 70 años.
- El ejemplar fue trasladado al Vivero de la Ciudad, que depende de la Secretaría de Gobierno y Vínculo Ciudadano.
- Se habilitó un espacio específico dentro de los humedales del Vivero para su cría en cautiverio.
- La idea es que, una vez reproducidos, los peces sean reintroducidos en otros humedales porteños.
- Villa Lugano ya quedó marcado como el primer destino para esta reintroducción.
Lo que empezó como una salida de campo terminó convirtiéndose en un programa de conservación con participación de la comunidad educativa, algo que no es poco frecuente ver.
El Killi es un pez estacional, lo que significa que su ciclo de vida está atado por completo al clima. Sus huevos pueden quedar depositados en pequeñas depresiones del terreno que, durante buena parte del año, están totalmente secas. En ese barro, aparentemente muerto, los huevos entran en un estado de latencia y logran resistir meses sin agua.
Cuando llegan las lluvias y esos charcos vuelven a llenarse, ahí sí, los huevos eclosionan casi de inmediato y arranca un nuevo ciclo de vida completo. Es una estrategia evolutiva pensada para ambientes con humedales temporarios, donde el agua aparece y desaparece según la época. De ahí el apodo tan gráfico: literalmente «nacen» con la lluvia. Es, ni más ni menos, una forma de vida adaptada a la incertidumbre del clima porteño.