El santuario de los vitrales cambia la noche de Parque Chacabuco

Durante el día, casi 150 vitrales convierten al Santuario de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa en un espectáculo de colores. Ahora, por primera vez, su imponente fachada también se destaca de noche: una nueva iluminación busca devolverle protagonismo a uno de los edificios más reconocibles de Parque Chacabuco.

Este santuario es uno de ellos. Visible desde la autopista 25 de Mayo, durante décadas tuvo una particularidad: de día era imposible ignorarlo, pero al caer el sol podía perderse entre las luces de la Ciudad. Eso acaba de cambiar.

“Cada barrio tiene edificios o monumentos que los vecinos sienten como propios, y en Parque Chacabuco uno de esos sitios es este santuario. Iluminarlo es una forma de reconocer y reforzar ese vínculo”, afirmó Ignacio Baistrocchi, ministro de Espacio Público porteño.

El Gobierno de la Ciudad finalizó una intervención destinada a iluminar por primera vez la fachada del Santuario de Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa. La obra forma parte de un programa que busca poner en valor edificios y monumentos en los 48 barrios porteños, con una mirada puesta tanto en el patrimonio como en la identidad nocturna de Buenos Aires.

El santuario tiene casi 85 años de historia y presenta una arquitectura neorrománica que se distingue por sus dos torres con campanarios y una cúpula que supera los 40 metros de altura. En la parte superior se encuentra una escultura de la Virgen, uno de los elementos que ahora también puede apreciarse con mayor claridad durante la noche.

Para conseguir ese efecto se instalaron:

  • 💡 31 proyectores de luz cálida orientados hacia distintos sectores de la fachada.

  • 🏛️ Dos columnas de iluminación incorporadas específicamente para la intervención.

  • 📍 Equipos ubicados desde Avenida Curapaligüe, donde se encuentra el frente del santuario.

  • 📍 Iluminación complementaria desde Avenida Asamblea, sobre uno de los laterales del templo.

La intención fue evitar una iluminación uniforme y, en cambio, resaltar los principales detalles arquitectónicos del edificio.

El edificio reúne casi 150 vitrales, una cantidad que lo convierte, según la información difundida sobre el templo, en la iglesia porteña con mayor número de vitraux. Cuando la luz solar atraviesa los vidrios, el interior se transforma y las paredes se llenan de colores.

Las escenas representadas tienen principalmente motivos vinculados con la tradición de la Familia Vicentina, movimiento espiritual inspirado en San Vicente de Paúl. También aparecen representaciones relacionadas con las apariciones de la Virgen a Santa Catalina Labouré.

Según la tradición católica, fue a Labouré a quien la Virgen le habría encomendado en 1830 la acuñación de la medalla que posteriormente sería conocida como la Medalla Milagrosa. Esa historia terminó dando nombre al santuario de Parque Chacabuco.

Los vitrales fueron realizados por el artista catalán Antonio Estruch, quien llegó a la Argentina a comienzos del siglo XX y creó en Buenos Aires su propio taller especializado en arte en vidrio.

El conjunto realizado para este santuario fue su trabajo de mayor magnitud en la Ciudad. Sin embargo, no es la única huella que dejó: otra de sus obras puede encontrarse en la tradicional confitería Las Violetas, en Almagro.

La iluminación funciona como una herramienta para hacer visible durante la noche un elemento del patrimonio que ya forma parte de la memoria cotidiana de los vecinos.

El santuario tiene una presencia arquitectónica fuerte: sus torres, su cúpula y la escultura de la Virgen pueden convertirse ahora en una referencia visual nocturna para quienes circulan por Parque Chacabuco. Al mismo tiempo, la intervención se integra a una política más amplia de iluminación de fachadas y monumentos porteños.

Y hay una particularidad que vuelve todavía más atractiva a esta historia: afuera, el edificio gana presencia cuando cae el sol; adentro, sus vitrales siguen guardando el gran espectáculo que aparece cuando llega la luz del día.